Mercado y Escuela-Taller en Casablanca

Mercado y escuela-taller en Casablanca, Marruecos.

Tradicionalmente, a las culturas de clima Mediterráneo va asociado un gran disfrute del exterior. Las plazas públicas entoldadas siempre han sido los lugares en los que se celebra la actividad del mercado y, por consiguiente, este edificio asume tanto la condición comercial como la de plaza y espacio abierto, donde las actividades conviven en un lugar protegido del excesivo asoleo propio de Marruecos.

Con la idea de impulsar el desarrollo de la zona se propone un mercado de fuerte presencia en el entorno, de estructura prefabricada y culminado por el edificio de talleres. Su marcado carácter fabril da imagen de evolución y cambio, a la vez que dota de ritmo a todos los elementos del proyecto y coloniza la nueva plaza.

La pregnante cubierta está formada por plegaduras de hormigón que vuelan para alojar la descarga de los grandes camiones hacia el vial que conecta con la autovía y abren a norte para conseguir una iluminación indirecta y uniforme en el interior. Las plegaduras de cubierta apoyan sobre unos machones cúbicos; unos potentes pilarones habitados que permiten liberar grandes vanos creando un salón de comercio dentro del edificio principal. Los distintos tipos de machones se posicionan matricialmente en planta siguiendo la organización oculta de los zocos árabes y la posición relativa de sus puestos y productos, por gremios.

Este proyecto ha sido presentado por el Instituto Cervantes en Casablanca, además de haber sido protagonista de exposiciones y presentaciones en varias universidades.

Si quieres saber más:

Se diseña un mercado como gran salón de reuniones e intercambio, abierto a la ciudad por ambos lados y organizado mediante una trama ortogonal de calles interiores que despliega un laberinto de variados puestos hacia las vías de paso y la plaza. Es un orden dotado de flexibilidad; un ritmo repetitivo que al mismo tiempo se adapta a la idiosincrasia de los habitantes de la zona, pues su sistema no deja de estar formado por muchas unidades que pueden operar de manera independiente.

Centrándonos ya en el pilarón vemos que éstos expanden ampliamente el mobiliario que contienen en su interior, adaptado a las necesidades del comerciante, cuando el mercado está en uso. Al final de la jornada los pilarones vuelcan hacia sí mismos para facilitar la limpieza y el baldeo diarios, dejando un bosque rítmico de rotundos machones; un espacio sin límites para la promiscuidad del intercambio, o el templo del comercio. La forma elegida permite su entendimiento como unidad generadora de ritmo en el proyecto, sin dejar de lado su funcionalidad, adaptabilidad y dinamismo.

La piel del conjunto es permeable al aire, a la luz, y al ruido y ajetreo de la calle. Climatiza y permite la actividad en el interior y a su vez matiza y controla la relación con el exterior. Los cerramientos inferiores se entienden como una tapia que protege el rico mundo interior cuando el complejo está cerrado y se abre para diluirse completamente en el entorno cuando el mercado está en uso. En las partes superiores, los cerramientos permiten la ventilación natural del conjunto mientras producen filtros de luz según localización o necesidades lumínicas. Este tamiz da lugar a una atmósfera fresca y contemporánea que crea un nuevo concepto de mercado, entendido no como un edificio sino como un espacio bañado de luz.

Ya desde los inicios de proyecto se buscaba responder al lugar con una forma rotunda y potente, de estructura versátil, y que simplificara el proceso de construcción gracias a la modulación y la prefabricación. La cubierta está formada por dovelas prefabricadas de hormigón armado con un complejo desarrollo interior para alojar las vainas de postesado independientemente de la posición que ocupe cada pieza. Los parteluces, con cerramientos de vidrio y distintas tramas de aluminio estirado tipo deployé, dan ritmo a la fachada a la vez que actúan como cerchas de apoyo y cuelgue de las dovelas y aumentan la inercia contra los fuertes vientos de componente norte. El sistema de entoldados correderos filtra la luz dotando de color y movimiento a las calles interiores y adecuando el ambiente a los distintos productos en venta.

El carácter masivo viene reforzado por la construcción de los pilarones en hormigón armado y su imagen exterior en hormigón visto. La sinceridad estructural y su simplicidad realzan la vida interior, el color y la complejidad formal de los productos en venta. Al interior, el pilar cúbico se suaviza; se vuelve amable para recoger los puestos. Esto es gracias a su trasdosado y revestimientos en madera de abeto marroquí. El trasdosado permite el paso de instalaciones por su interior, provenientes del túnel registrable general, y el alojamiento de estanterías y almacenaje. Los forjados interiores de los machones se construyen mediante forjados reticulares. Su funcionamiento estructural permite también la apertura de huecos para el montacargas y las escaleras.

Para terminar, decir que el conjunto cuenta con elementos característicos de la arquitectura islámica: el mercado como un laberinto ordenado, el bosquete de naranjos con acequias y láminas de agua, celosías, entoldados, ventilaciones naturales, la escuela-taller con patio público… Mediante el amplio salón cubierto y la gran plaza pública arbolada con acequias se crea un ambiente atractivo y un microclima a la vez que nos pretendemos alejar de la idea de centro comercial global para hacer de la tradición vernácula una propuesta para la ciudad.

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